sábado, 10 de abril de 2010

Sábado 10 de abril. Mc 16, 9-15

EVANGELIO

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: - «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»
EL EVANGELIO NO ES UN SOMNIFERO, ES PURA DINAMITA:
No solo somos cabezotas los seres humanos del siglo XXI, hay que ver que incredulidad y ceguera tuvieron los del tiempo de Jesús, ni el testimonio de la de Magdala, ni el de los discípulos de Emáus...tuvo que ser la "reprimenda" del propio Jesús que les echa en cara que no crean a los otros, la que tiene su efecto y la que hace que comience la misión, que se dejen de lloros y llantos por el crucificado y se pongan manos a la obra, el mensaje es claro: Evangelizar. Con este mandato claro y expreso podemos decir que nace la comunidad eclesial, la Iglesia comienza su camino titubeante e incierto hasta nuestros días. Me gustaría que los encargados de la misión eclesial, los que tienen la última palabra y firman documentos que luego hay que poner en práctica leyeran el texto y lo interiorizaran: Jesús nos habla de evangelizar, de llevar la buena noticia, de ser alegres y esperanzados....creo que nos hemos equivocado en gran medida y que mucha gente de nuestra Iglesia ha confundido el verbo evangelizar por sacramentalizar, y a eso se dedican. El que tenga oídos para oir que oiga.

jueves, 8 de abril de 2010

Viernes 9 de abril. Jn 21, 1-14

EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: - «Me voy a pescar.» Ellos contestan: - «Vamos también nosotros contigo.» Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: - «Muchachos, ¿tenéis pescado?» Ellos contestaron: - «No.» Él les dice: - «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: - «Es el Señor.» Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: - «Traed de los peces que acabáis de coger.» Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: - «Vamos, almorzad.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
EL EVANGELIO NO ES UN SOMNÍFERO, ES PURA DINAMITA:
Debido a problemas técnicos no hemos podido colgar el comentario del evangelio en los dos día anteriores, por lo que pedimos disculpas y esperamos que no vuelva a suceder.
Hoy el evangelio nos presenta la idea clara de que con fe y confianza todo es posible en esta mundo. No era fácil llenar la cesta de peces, nadie lo esperaba ni lo creía, sin embargo con fe y esperanza, confiando en las palabras de Jesús se hizo posible. Gran enseñanza para nuestra vida...no debemos tirar la toalla, no tenemos que desesperar, hay que confiar en nosotros mismos, en nuestras posibilidades y capacidades y confiar en El, que de manera sutil nos manda la fuerza para ir caminando por la vida...No es facil, pero tampoco es dificil, es cuestión de querer, y ya se sabe, querer es poder...palante entonces.

lunes, 5 de abril de 2010

Martes 6 de abril. Jn 20, 11-18

EVANGELIO
María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!". Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y Padre vuestro; a mi Dios y el Dios vuestro'". María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.
EL EVANGELIO NO ES UN SOMNIFERO, ES PURA DINAMITA:
Cuántas veces nos ocurre lo del evangelio de hoy...tratamos de buscar a Dios en las alturas, en los enrevesados y solemnes ritos, en extraordionarios acontecimientos cargados de misticismo, y sin embargo lo tenemos al lado y lo confundimos con el cuidador de la huerta. No hace falta graduarse la vista, ni limpiarse las empañadas gafas, lo que hace falta es querer verlo, y querer verlo significa querer comprometerse y complicarse la vida con aquellos que la viven con nosotros. Lo más fácil es huir, mirar para otro lado, buscar el sitio comodo y burgués allí donde se está más caliente..pero allí no lo veremos, no estará donde nosotros imaginamos, nos hará un lío y estará delante de nosotros y donde menos lo esperemos, así es el Dios de Jesús.
Por otro lado figura importante en el el evangelio la de María Magdalena, mal vista por unos, condenada por otros, y querida y abrazada por el Maestro, el amigo y hermano de los que son excluidos y desposeidos de su dignidad, ella supo responder con fidelidad y ternura femenina hasta las últimas consecuencias y hasta el último momento...cuánto hay que aprender meditando en ella, cuánto nos enseña la "pecadora" y mujer de mala vida....así es la cosa, el mundo al revés, patas arriba, así es Jesús....y yo que me alegro....

domingo, 4 de abril de 2010

Lunes 5 de abril. Mt 28,8-15

EVANGELIO
En aquel tiempo, las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán". Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo". Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.
EL EVANGELIO NO ES UN SOMNIFERO, ES PURA DINAMITA:
Retomamos la "calma" en nuestro blog tras el parón que nos ha brindado esta semana santa en la cual hemos podido rememorar y celebrar los acontecimientos que marcan la vida del cristiano y que se resumen en la esperada resurrección. En un mundo en el que todo ha de ser renovado y cambiado, en el que se nos invita a renovar nuestro coche, nuestro vestuario, nuestros lugares de vacaciones, en definitiva el slogan famoso del renovarse o morir, hoy, en esta estrenada Pascua, la resurrección del hijo del carpintero nos invita a renovarnos, a resucitar, que no es otra cosa que morir a aquellas actitudes que no nos dejan ser fieles y auténticos con nuestros principios. Resucitar en desterrar las miserias de nuestro corazón, es dejar lugar a la esperanza y al cambio, es vivir, como se nos recuerda hoy, alegres, y es que no hay lugar para las caras de tristeza, los gestos de angustia y depresión, Jesús, está con nosotros y estamos alegres, esa es la clave de la renovación, hacerla desde la alegría de sabernos queridos, amados y abrazados, y todo ello en mayor medida cuánto más errores cometemos. La resurreción pone el mundo patas arriba, la tortilla del revés...felicidades y que la alegría marque nuestra vida hoy y siempre. Ánimo.
Domingo de resurrección. Juan 20,1-9.

Evangelio

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

EL EVANGELIO NO ES UN SOMNÍFERO, ES PURA DINAMITA:

"Esta reflexión nos remonta a la Pascua que desemboca también en Cristo, confesado nuestra Pascua, porque toda aquella fuerza liberadora que traía el Viejo Testamento con maravillas que Dios iba haciendo para expresar su deseo de liberar siempre a los pueblos, de dar su salvación precisamente en la historia de los pueblos, en Cristo nuestro Señor se hace realidad, no sólo para Israel, sino para todos los pueblos que vayan creyendo en El. De tal manera que podemos decir: Cristo salva, nos salva en nuestra propia historia, y todas aquellas maravillas del Antiguo Testamento se hacen presentes en esta Pascua nuestra.
Esta es la pascua. La pascua que la Iglesia continúa viviendo como una comunidad es la que debe reinar esa transformación que Cristo nos exhaló con su suspiro profundo de crear la Iglesia. Le transmitía toda su fuerza pascual, o sea, ese tránsito, ese paso de muerte a vida, con todo lo que esas dos palabras implican.
Muerte, que es pecado, que es mediocridad, que es injusticia, que es desorden, que es atropello de los derechos, que es desorden en todas las cosas humanas; todo eso tiene que quedar sepultado en la tumba del Señor y resucitar: Pasar de la muerte a la vida.
Vida quiere decir justicia. Vida quiere decir respeto al hombre. Vida quiere decir santidad. Quiere decir todo ese esfuerzo por ser cada día mejor, porque cada hombre y cada mujer, cada joven, cada niño, vaya sintiendo que su vida es una vocación que Dios le ha dado para hacer presente en el mundo. No sólo la maravilla de la creación es imagen de Dios, sino la maravilla de la redención, que es elevación de la naturaleza, elevación de la sociedad, elevación de la amistad. Esa es la Pascua; y una parroquia que lleva el nombre pascual de la Resurrección tiene que vivir intensamente este sentido comunitario del paso de la muerte a la vida, de la imperfección a lo perfecto, a la santidad cada vez más elevada.
Porque sólo así, queridos hermanos, podemos servirnos de esta Pascua que Cristo nos regala." (Homilías pascuales de Monseñor Romero)

viernes, 2 de abril de 2010

VIERNES SANTO

Evangelio (Jn 18,1—19,42):

En aquel tiempo, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos. Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas. Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?». Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Díceles: «Yo soy». Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?». Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos». Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?».
Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suegro de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año. Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo. Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro. La muchacha portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?». Dice él: «No lo soy». Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina. Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas. ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho». Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote?». Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?». Anás entonces le envió atado al Sumo Sacerdote Caifás. Estaba allí Simón Pedro calentándose y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?». El lo negó diciendo: «No lo soy». Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: «¿No te vi yo en el huerto con Él?». Pedro volvió a negar, y al instante cantó un gallo.

De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua. Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre?». Ellos le respondieron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado». Pilato replicó: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley». Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie». Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir. Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?». Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?». Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?». Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí». Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?». Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz». Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?». Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en Él. Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?». Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ése, no; a Barrabás!». Barrabás era un salteador.
Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a Él, le decían: «Salve, Rey de los judíos». Y le daban bofetadas. Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en Él». Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre». Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en Él». Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios». Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?». Pero Jesús no le dio respuesta. Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?». Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado». Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César». Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey». Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!». Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?». Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César». Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.
Tomaron, pues, a Jesús, y Él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí le crucificaron y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: ‘El Rey de los judíos’, sino: ‘Éste ha dicho: Yo soy Rey de los judíos’». Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito». Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca». Para que se cumpliera la Escritura: «Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica». Y esto es lo que hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed». Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.
Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con Él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: «No se le quebrará hueso alguno». Y también otra Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. Fue también Nicodemo —aquel que anteriormente había ido a verle de noche— con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.


EL EVANGELIO NO ES UN SOMNÍFERO, ES PURA DINAMITA

"Si quisiéramos resumir el pensamiento de la palabra de Dios en esta tarde, yo diría esto: ¡El amor, ley de la Nueva Alianza! La Semana Santa es la celebración de esa Alianza Nueva que Dios anunció por los profetas: "Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo". Y se entabla una relación de amor entre Dios y los hombres, que debía responder también a una relación de amor de los hombres a Dios y de los hombres entre sí, porque no vive la Alianza Nueva del amor, el que no sabe amar.
Amor de Jesús hasta el extremo. Es el amor de Jesús. Todo esto tiene un tono de amor tan profundo, que podíamos decir: en la hostia y en el cáliz de esta noche, como el cáliz de todas las misas que se celebran, como que está borbotando la sangre viva que arrancó el amor al corazón de Cristo, para darse por nosotros. Amor es entregarse. Amor es no reservarse nada para sí. Amor es darse por completo a la muerte si es necesario. Amor es quedar clavado en una cruz diciendo a sus mismos enemigos, que los perdona. Amar es no saber odiar, es saber perdonar, es devolver sonrisas de bendiciones como Cristo desde la cruz.
Cristo fue fuerte y combativo cuando clavado en la cruz decía al Padre: "Perdónalos porque no saben lo que hacen". Es la fuerza del perdón. 'La civilización del amor propone a todos la riqueza evangélica de la reconciliación nacional e internacional. No existe gesto más sublime que el perdón. Quién no sabe perdonar, no será perdonado". -dijo Jesucristo
Tienen aquí también, cómo en la fuerza evangélica del perdón y del amor está también la potencialidad de nuestra misma salvación, la liberación misma de los hombres.
Hermanos, sólo con esa clave de la humildad y del servicio podremos entrar en la civilización del amor. Odia el orgulloso, el avaro, el soberbio. Ama el humilde, el desprendido. Se puede tener y se puede ser feliz; y se puede ser santo cuando en el corazón hay amor y hay humildad. Ojalá que en esta Semana Santa, esta palabra de Dios sea una palabra que llegue al corazón con el acento tierno y dulce del mismo Jesús
"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Este es el bien más grande de la Redención, el perdón de Dios a nuestros pecados. No hay alegría más grande que la conversión. Por eso, en Semana Santa, todos los cristianos debíamos de saborear la dulzura de esa palabra de Cristo: el perdón de los pecados.
Realicemos, hermanos, la redención; completemos al precio doloroso de Cristo, el pequeño precio de nuestra contribución: nuestros dolores, nuestros sufrimientos, nuestra entrega, nuestra fe, nuestra identificación con el redentor, que solamente eso espera: que creamos en Él y que esperemos en Él. Así sea... " (HOMILÍAS DE SEMANA SANTA DE MONSEÑOR OSCAR ROMERO)

jueves, 1 de abril de 2010

SEMANA SANTA 2010
TRIDUO PASCUAL
EVANGELIO, Juan 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?»
Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.» Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.» Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.» Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis ´el Maestro´ y ´el Señor´, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.

EL EVANGELIO NO ES UN SOMNÍFERO, ES PURA DINAMITA

"Si quisiéramos resumir el pensamiento de la palabra de Dios en esta tarde, yo diría esto: ¡El amor, ley de la Nueva Alianza! La Semana Santa es la celebración de esa Alianza Nueva que Dios anunció por los profetas: "Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo". Y se entabla una relación de amor entre Dios y los hombres, que debía responder también a una relación de amor de los hombres a Dios y de los hombres entre sí, porque no vive la Alianza Nueva del amor, el que no sabe amar.
Amor de Jesús hasta el extremo. Es el amor de Jesús. Todo esto tiene un tono de amor tan profundo, que podíamos decir: en la hostia y en el cáliz de esta noche, como el cáliz de todas las misas que se celebran, como que está borbotando la sangre viva que arrancó el amor al corazón de Cristo, para darse por nosotros. Amor es entregarse. Amor es no reservarse nada para sí. Amor es darse por completo a la muerte si es necesario. Amor es quedar clavado en una cruz diciendo a sus mismos enemigos, que los perdona. Amar es no saber odiar, es saber perdonar, es devolver sonrisas de bendiciones como Cristo desde la cruz.
Cristo fue fuerte y combativo cuando clavado en la cruz decía al Padre: "Perdónalos porque no saben lo que hacen". Es la fuerza del perdón. 'La civilización del amor propone a todos la riqueza evangélica de la reconciliación nacional e internacional. No existe gesto más sublime que el perdón. Quién no sabe perdonar, no será perdonado". -dijo Jesucristo
Tienen aquí también, cómo en la fuerza evangélica del perdón y del amor está también la potencialidad de nuestra misma salvación, la liberación misma de los hombres.
Hermanos, sólo con esa clave de la humildad y del servicio podremos entrar en la civilización del amor. Odia el orgulloso, el avaro, el soberbio. Ama el humilde, el desprendido. Se puede tener y se puede ser feliz; y se puede ser santo cuando en el corazón hay amor y hay humildad. Ojalá que en esta Semana Santa, esta palabra de Dios sea una palabra que llegue al corazón con el acento tierno y dulce del mismo Jesús
"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Este es el bien más grande de la Redención, el perdón de Dios a nuestros pecados. No hay alegría más grande que la conversión. Por eso, en Semana Santa, todos los cristianos debíamos de saborear la dulzura de esa palabra de Cristo: el perdón de los pecados.
Realicemos, hermanos, la redención; completemos al precio doloroso de Cristo, el pequeño precio de nuestra contribución: nuestros dolores, nuestros sufrimientos, nuestra entrega, nuestra fe, nuestra identificación con el redentor, que solamente eso espera: que creamos en Él y que esperemos en Él. Así sea... " (HOMILÍAS DE SEMANA SANTA DE MONSEÑOR OSCAR ROMERO)