domingo, 2 de abril de 2017


Mateo 26,14-75.27,1-66. DOMINGO DE RAMOS



Evangelio
Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes
y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".
El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce
y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".
El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen y coman, esto es mi Cuerpo".
Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: "Beban todos de ella,
porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados.
Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre".
Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.
Entonces Jesús les dijo: "Esta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de mí. Porque dice la Escritura: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño.
Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea".
Pedro, tomando la palabra, le dijo: "Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás".
Jesús le respondió: "Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces".
Pedro le dijo: "Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré". Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo: "Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar".
Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.
Entonces les dijo: "Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo".
Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: "Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro: "¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora?
Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil".
Se alejó por segunda vez y suplicó: "Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad".
Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño.
Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo: "Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar".
Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
El traidor les había dado esta señal: "Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo".
Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole: "Salud, Maestro", y lo besó.
Jesús le dijo: "Amigo, ¡cumple tu cometido!". Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron.
Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja.
Jesús le dijo: "Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere.
¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? El pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles.
Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?".
Y en ese momento dijo Jesús a la multitud: "¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo.
Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte;
pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos
que declararon: "Este hombre dijo: 'Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días'".
El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: "¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?".
Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: "Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios".
Jesús le respondió: "Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo".
Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: "Ha blasfemado, ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia.
¿Qué les parece?". Ellos respondieron: "Merece la muerte".
Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban,
diciéndole: "Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó".
Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo: "Tú también estabas con Jesús, el Galileo".
Pero él lo negó delante de todos, diciendo: "No sé lo que quieres decir".
Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí: "Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno".
Y nuevamente Pedro negó con juramento: "Yo no conozco a ese hombre".
Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: "Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona".
Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo,
y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: "Antes que cante el gallo, me negarás tres veces". Y saliendo, lloró amargamente.
Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús.
Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.
Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos,
diciendo: "He pecado, entregando sangre inocente". Ellos respondieron: "¿Qué nos importa? Es asunto tuyo".
Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó.
Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron: "No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre".
Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado "del alfarero", para sepultar a los extranjeros.
Por esta razón se lo llama hasta el día de hoy "Campo de sangre".
Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías: Y ellos recogieron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los israelitas.
Con el dinero se compró el "Campo del alfarero", como el Señor me lo había ordenado.
Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: "¿Tú eres el rey de los judíos?". El respondió: "Tú lo dices".
Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada.
Pilato le dijo: "¿No oyes todo lo que declaran contra ti?".
Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador.
En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo.
Había entonces uno famoso, llamado Barrabás.
Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: "¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?".
El sabía bien que lo habían entregado por envidia.
Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: "No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho".
Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: "¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?". Ellos respondieron: "A Barrabás".
Pilato continuó: "¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?". Todos respondieron: "¡Que sea crucificado!".
El insistió: "¿Qué mal ha hecho?". Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: "¡Que sea crucificado!".
Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: "Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes".
Y todo el pueblo respondió: "Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos".
Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él.
Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo.
Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: "Salud, rey de los judíos".
Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza.
Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.
Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa "lugar del Cráneo",
le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo.
Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron;
y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo.
Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: "Este es Jesús, el rey de los judíos".
Al mismo tiempo, fueron crucificados con él dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza,
decían: "Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!".
De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:
"¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él.
Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios".
También lo insultaban los ladrones crucificados con él.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región.
Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: "Elí, Elí, lemá sabactani", que significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".
Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: "Está llamando a Elías".
En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber.
Pero los otros le decían: "Espera, veamos si Elías viene a salvarlo".
Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.
Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron
y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron
y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente.
El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: "¡Verdaderamente, este era el Hijo de Dios!".
Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo.
Entre ellas estaban María Magdalena, María -la madre de Santiago y de José- y la madre de los hijos de Zebedeo.
Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús,
y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran.
Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue.
María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.
A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato,
diciéndole: "Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: 'A los tres días resucitaré'.
Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: '¡Ha resucitado!'. Este último engaño sería peor que el primero".
Pilato les respondió: "Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente".
Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.

EL EVANGELIO NO ES UN SOMNIFERO , ES PURA DINAMITA:

La pasión es de ayer y de siempre, los personajes siguen siendo los mismos:
Pedro: “ no conozco a ese hombre que decís”, cada uno de nosotros podemos ser Pedro, si dejamos que el miedo nos paralice, o traicionemos a un amigo, o nos quiten la fuerza para seguir creyendo en la utopía, en nuestros ideales más profundos.
Judas: “ uno de vosotros me va a entregar; uno que está comiendo conmigo”. Si ves que el dinero pesa demasiado en tu vida, o te hace perder el sueño, o la cabeza, o incluso es más fuerte que el amor.

Pueblo: “ Crucifícalo”. Si dejas que el poderoso de turno te haga cambiar de ideas, si gritas un domingo: Hosana a Dios y el viernes; cricifícalo...
Pilato: si has probado el sabor del poder y el éxito, si has vendido tu vida y tu corazón, si has caído en el soborno, y te has lavado las mano, dejando que pierda el inocente, sólo porque es más débil.

Simón de Cirene: puedes arrimar el hombre todos los días, para hacer menos pesada la carga del que sufre. Y te das cuenta de pronto que es Cristo a quien estás ayudando a llevar su cruz.

Verónica: limpias el sudor de un enfermo, de un amigo, o acompañas en la soledad de un anciano,. La verónica rompió el cerco de los mirones, de los que no mueven el brazo para ayudar y se encontró con el rostro de Cristo.

Los que golpean, o burlan, los que condenan: en la pasión de nuestra historia, este parece ser últimamente el personaje preferido, el que más gente escoge para su papel diario.

María y Juan: junto a la cruz, este es el personaje imprescindible, solidario con el débil, esperanza con el crucificado, libertad con el injustamente condenado, hospitalario con el expulsado de su tierra, generoso con el pobre.

Y lo grave de este asunto, es que la pasión se repite, y que tenemos que escoger un papel. No podemos ser espectadores. No hay otra opción: o con ÉL o contra El.
La pasión sigue su curso, no ha acabado, en este mundo tenemos que vivir, la pasión de Cristo se escribe en presente, sigue sufriendo; y sólo hay un camino; o con el o contra él. P´alante

TOMAMOS EL PULSO A LA REALIDAD:



PARA ORAR:

Jesús, queremos ser de aquellos que escuchan el silencioso clamor de los sin voz,
De los que no permanecen de brazos cruzados, mientras otros los mantienen en cruz,
Alguien nos grita; los expulsados, los excluidos, los explotados, los perseguidos, los pateados, los crucificados, en cruces:
cruces en forma de calumnia, de contagio, de aislamiento, cruces de silencio, cruces de dinero, y de placer, de envidia y de fama...
cruces de temporada, de moda, de prestigio, cruces de funeral, de hambre, de enfermedad, cruces de campañas, de traición, de crítica, de denuncia, cruces de madera y cruces de amenazas.
Sólo hay una cruz con la que debo y puedo cargar; la del que procura que el otro no tenga cruz, la del que ayuda al otro, a llevar su cruz. La del que se mortifica, para no mortificar al que sufre, sencillamente porque ama... esa es la cruz de Jesús.

NOTA MENTAL TRANSITORIA:


2017 AÑOS DE SEMANA SANTA….  Y nunca se celebró tan descafeinada,  no queda casi nada de autenticidad en una celebración que se cierra en la mesa camilla de grupúsculos y (…), poco más.  
La lista de invitados a la cena de Jesús siempre ha sido abierta, no hay lugares prefijados, partir el pan siempre es una oficio con plazas disponibles, aquí no hay paro. Decirse cristiano y celebrar la pasión de Cristo y no creer en la vida para todos, es una patraña farisaica sin sentido. En la mesa de Jesús caben todos, empezando por los pecadores.
Son los cristianos los primeros que escurren el bulto, tenemos un compromiso con la pasión y con la cruz.  El pueblo se sigue dividiendo en oprimidos y opresores, y , desgraciadamente,  cuando el mensaje del evangelio se silencia, crece la opresión de una clase dominadora que vive de la autoridad, la mentira y el sufrimiento de otros.
Pasaremos a la historia como la generación de los muertos vivientes. No tenemos huevos para nada, somos mediocres y borregos, que nos aburguesamos con facilidad. La lucha es una palabra olvidada en el diccionario de un cristianismo que agoniza. Se nos ha olvidado resucitar, y ese es el mensaje central de estos días.
No ha cambiado mucho el panorama desde los tiempos de Pilato y Barrabás, chantajes, mentiras, opresión contra opresión, terror de los ricos contra los pobres, funcionarios corruptos, políticos, reyes y monarcas que alimentan el terror en sus pueblos, esclavos, muros, rencores y sangre. Se mezclan las mentiras con la hipocresía de quienes las cuentan como la gran verdad. Mal nos va porque estamos muertos y es que no hemos entendido nada,…….  el mensaje sigue siendo el mismo: ESTAMOS AMENAZADOS DE RESURRECCIÓN.

 Nos vemos...  a la vuelta.
Mande quien mande , cartucho en el cañón.

lunes, 27 de marzo de 2017


Juan 11,1-45. quinta semana. 2 de abril








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Evangelio
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta.
María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
Las hermanas enviaron a decir a Jesús: "Señor, el que tú amas, está enfermo".
Al oír esto, Jesús dijo: "Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella".
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
Después dijo a sus discípulos: "Volvamos a Judea".
Los discípulos le dijeron: "Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿quieres volver allá?".
Jesús les respondió: "¿Acaso no son doce las horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él".
Después agregó: "Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo".
Sus discípulos le dijeron: "Señor, si duerme, se curará".
Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.
Entonces les dijo abiertamente: "Lázaro ha muerto,
y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo".
Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: "Vayamos también nosotros a morir con él".
Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.
Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros.
Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas".
Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará".
Marta le respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día".
Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?".
Ella le respondió: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo".
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: "El Maestro está aquí y te llama".
Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro.
Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado.
Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí.
María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto".
Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado,
preguntó: "¿Dónde lo pusieron?". Le respondieron: "Ven, Señor, y lo verás".
Y Jesús lloró.
Los judíos dijeron: "¡Cómo lo amaba!".
Pero algunos decían: "Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?".
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima,
y dijo: "Quiten la piedra". Marta, la hermana del difunto, le respondió: "Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto".
Jesús le dijo: "¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?".
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: "Padre, te doy gracias porque me oíste.
Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado".
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: "¡Lázaro, ven afuera!".
El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo para que pueda caminar".
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

EL EVANGELIO NO ES UN SOMNIFERO, ES PURA DINAMITA:


Jesús atiende al amigo enfermo. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro porque abrió su corazón al amor de María, Marta y Lázaro,  sólo quien llora por el amigo comienza a valorar la amistad. Del amor nace la vida.
Jesús es esperanza más allá de la muerte. Se ha discutido mucho sobre este relato; si ocurrió tal y como se describe el evangelista, ( Nadie discute que Jesús no pudiera hacerlo) yo pienso que es una catequesis magnífica ( luz, agua, vida), no obstante tenemos que recordar que los cristianos no creemos en la reencarnación, tampoco que Jesús “revive” a los muertos, en todo caso el evangelio no sería resurrección sino reanimación de un muerto. Creemos en la resurrección. Es decir la certeza de no morir, de que nuestra vida no tiene punto y final... distinto a reanimar a los muertos.
San Agustín comentando este Evangelio dice que los cristianos cantan su resurrección en la celebración de la eucaristía. Más adelante el Evangelista se celebra la resurrección y es Lázaro quien sirve a los comensales en la fiesta. La Eucaristía este encuentro de amistad que es vida para todos; celebremos pues la vida en vez de llorar la muerte.
            El amor es más fuerte que la muerte.
P´ALANTE

POR SI APETECE ORAR:


      El amor abre los caminos;
No son las armas, ni los que intentan romper fronteras
      Los que viven en la luz;
Son los que caminan dando amor, multiplicando vida.
      El amor hace de toda la tierra nuestra tierra.
      El mundo entero nos reclama – cristianos- para ser luz,
      El mundo entero grita por sed y hambre de luz, de amor y compromiso solidario,
      Digamos con nuestra vida al mundo
      Que no busque a un Dios muerto sino a un Dios vivo;
      Que vive con nosotros y entre nosotros.
      Un Dios vivo;
      Que nos ama y busca desde siempre
      Que nos llama por nuestro nombre, para ser testigos de esperanza
      Que conoce nuestros fallos y nos empuja hacia delante,
      Que nos necesita como testigos y mensajeros,
      Que está cada día a nuestro lado;
      Y que nos tiene reservada  una verdad; la verdad del amor.


TOMAMOS EL PULSO A LA REALIDAD:




NOTA MENTAL TRANSITORIA:

Vivo en una sociedad llena de muertos vivientes, hay más muertos andando por las calles que enterrados en los cementerios,por eso la reflexión mental transitoria de hoy la voy a dedicar a salir del sepulcro…
Desatadlo y dejadlo que ande”””
Salgamos del sepulcro del miedo:. Descubre tus capacidades y mira al futuro con esperanza. Salta por encima de la dificultad.
Del sepulcro de tu desesperanza: y busca ideales, quien se considera cristiano tiene como meta la utopía del amor. La única ley, la única norma.
Del sepulcro de la rutina: desata tus miedos, y ama como su fuera la primera vez que tienes en tus brazos a la persona amada.
Del sepulcro de tus egoísmos: apegos y comodidades. El cristiano nos es cómodo, el cristiano desestabiliza, ¡sal de las jaulas de oro que te has creado!
Deja el sepulcro de la tristeza, de la soledad: un pueblo sin fiesta es un pueblo estéril, una comunidad festiva es creativa, en la fiesta está la esperanza. No somos la  religión del llanto y el luto, sino de la fiesta y la vida.
Sal del sepulcro de la duda, de los fracasos y enfermedades, de complejos y sufrimientos, porque el amigo ( con mayúsculas) está contigo.

                               Mande quien mande , cartucho en el cañón